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¿Quién soy? ¿yo soy blanco o afrodescendiente o latino...? ¡Soy simplemente un ser humano!

Me gustaría hablar sobre el film francés “Tout simplement Noir » (“Simplemente negro “) , película del rapero francés Jean-Pascal Zadi y John Wax. Es la historia de JP, un actor fracasado de 40 años que decide organizar la primera gran marcha de protesta negra en Francia, pero sus encuentros, a menudo burlescos, con personajes influyentes de la comunidad le hacen oscilar entre el deseo de protagonismo y el verdadero compromiso militante...

¡La película, bajo sus aires humorísticos, trata con realismo la complejidad del tema del racismo, el comunitarismo, la discriminación, las identidades, la diversidad, la inclusión…!

Inspirada en un brillante artículo escrito por el historiador Erick Cakpo (originario de Bénin, Africa) de la Universidad de Lorraine, quiero compartir con ustedes lo siguiente:

La película de Jean-Pascal Zadi y John Wax tiene el mérito de plantear una cuestión intemporal: ¿qué significa "soy negro" o "soy blanco"? ¿Es el hecho de identificarse con un color de piel, de reconocerse en una historia común, unos valores comunes, unos rasgos culturales o unos comportamientos comunes?

Cuando se trata de identidades colectivas, a menudo se tiende a identificar a los individuos no sólo por el color de la piel, sino también por los rasgos culturales. La película se hace eco de esto en varias escenas. Hay que reconocer que toda sociedad, con su historia, sus instituciones y su ubicación geográfica, genera un ethos colectivo, es decir, una moral, unas preferencias, unos caracteres, unas costumbres, unos hábitos adquiridos, aprendidos, etc.

Sin embargo, ¿cómo podemos reducir a un individuo a su cultura sin caer en la trampa de una generalización abusiva? Uno de los peligros de esta generalización es ceder demasiado rápido al culturalismo.

El culturalismo es una corriente generada principalmente en los años 30-40 en los círculos neoyorquinos por Abram Kardiner, Ruth Benedict y Ralph Linton, antropólogos estadounidenses que fusionaron identidad, psique y cultura.

Su pensamiento estipula que la cultura es operada y "reproducida" por la educación, la escuela, la familia, la religión, y que, por consiguiente, la personalidad (y, por tanto, la identidad) de los individuos está formada y moldeada de lleno por la cultura.

El riesgo de este enfoque, a pesar de su pertinencia para los estudios sobre el multiculturalismo y la interculturalidad, es la tendencia a hacer de cada cultura “un todo aislado” de otras culturas, pero también un carácter típico que se supone que cada individuo debe reproducir. El peligro último en la construcción de identidades colectivas es que la cultura se convierta en un sustituto de la controvertida palabra "raza".

Como corolario de lo que se acaba de mencionar, ¿cómo podemos atribuir una conciencia común a un grupo sin caer en la ficción?

La pertenencia a un grupo es un elemento constitutivo de la identidad individual porque la integración social es un factor primordial en la construcción de las identidades. Sin embargo, la construcción de las identidades colectivas que tanto reclaman los grupos identitarios tiene sus trampas. En primer lugar, ¿qué es una identidad (colectiva)? Si los rasgos comunes son la norma, ¿a quién o a qué intentamos ser idénticos?

Cuando se trata de la cuestión de las identidades, la propia definición de la palabra es algo muy complejo y difícil de definir. La palabra "Identidad" viene del latín “identitas” y este de “idem”, que encontramos en frases del latín clásico como: Idem et Idem (Una y otra vez), Semper idem (Siempre lo mismo - Cicerón), Ego idem sum (Yo soy el mismo) y Non omnibus idem mos est (No todos tienen las mismas costumbres).

Además, la identificación de un individuo con un grupo hace de este grupo una entidad que se apodera de las identidades singulares o que aniquila la conciencia de cada identidad singular. El escritor franco-libanés Amin Maalouf advierte de estos peligros, que amenazan todas las formas de identidad, en su libro “Les identités meurtrières”.

Así pues, parece que la cuestión de las identidades, ya sean individuales o colectivas, es una construcción en constante evolución que debe evitarse si no queremos caer en engaños identitarios.

¿Porque esta reflexión es útil y me atrevería a decir “necesaria” actualmente?

Porque últimamente TODOS luchan contra el racismo… pero, ¿basta declararse antirracista para serlo realmente? ¡Los que condenan vehemente, muchas veces y quizás inconscientemente, generan más racismo!

El protagonista principal del film, Jean-Pascal Zadi, al querer organizar una marcha reservada únicamente a los negros, se plantea la difícil cuestión de quién es negro o cómo identificar a quién es negro.

A esta pregunta, a menudo sólo se responde con una categorización, Jean-Pascal Zadi, en una escena de la película, responde estableciendo las características del hombre negro: una persona negra es alguien con pelo crespo, piel de ébano y cuyos antepasados fueron esclavizados. La construcción de categorías es un fenómeno bien conocido en los mecanismos de “racialización.” Y esto es la base para la producción de la exclusión y la discriminación. La prueba de ello se da sistemáticamente en la mencionada escena y lleva a la exclusión del exfutbolista Vikash con el único pretexto de que, a pesar del criterio del color de la piel que cumple, su pelo es “demasiado liso” para formar parte de la comunidad. Esto es lo que se llama “exclusión provocada por la categorización”

Pero hay otras formas de exclusión, como “la exclusión endógena” como la llama el historiador Cakpo, que consiste en saber dentro de una misma comunidad quién es más negro/africano que el otro ( hay una escena que ejemplariza este tipo de exclusión e, la cuál el rapero Soprano, aunque se identifica como comodorense, afirma ser quizás más africano que Jean-Pascal Zadi). Esto deja en evidencia el fenómeno de la reivindicación de los orígenes "primarios" que se da en las cuestiones de identidad.

El film trata también, de manera bastante sutil, la complejidad de las identidades colectivas. En este aspecto, Cakpo analiza lo que él llama la “esencialización y su rechazo a veces en forma radical y violenta”. La esencialización no es otra cosa que la forma de concebir la identidad de una persona como una "esencia", como una disposición natural reducida a los atributos de su categoría. Consiste en considerar como fijos, hereditarios e insuperables los rasgos y atributos de un individuo adscrito definitivamente a un grupo con el que compartiría las mismas características indelebles. Así, Claudia Tagbo se niega a que su espectáculo sea reducido por Jean-Pascal Zadi a su acento africano y su físico esencializado (grandes nalgas). Del mismo modo, Kareen Guiock no quiere que la palabra negro vaya unida a su profesión. Afirma con vehemencia que es periodista por sus habilidades, no por su pertenencia a una supuesta comunidad minoritaria.

En contraste con este rechazo de la esencialización, el guión describe con cierta sutileza el rechazo de la esencialización en otras formas, a saber, que el hecho de ser blanco no significa que uno no pueda sentirse negro. En un pasaje en el que interpreta su propio papel como director, Mathieu Kassovitz contrasta las identidades definidas únicamente por el color de la piel. A través de esta escena en la que maneja mal los tópicos sobre los negros, Mathieu Kassovitz consigue dar a entender que es más negro que Jean-Pascal Zadi, porque ser negro es algo que se vive dentro de uno y debe estar en la sangre.


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